Del encantamiento al pragmatismo -
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Del encantamiento al pragmatismo

Yo creo que a todos nos ha pasado que al desear con tanta fuerza nuestra primera guitarra y tenerla luego entre  manos, entrábamos en una especie de fase de «enamoramiento» de «encantamiento» por un tiempo. Que ilusión. Yo cuando tuve mi primera guitarra (una de 70 dolares !horrible! y con una tierra infernal) la ponía al lado de mi cama (no tenía ni atril) y me quedaba escuchando música en mis cascos, mirando aquella belleza, hasta que me quedaba dormido. Es completamente verdad. Tendría unos 13 años.

Luego pasé  a la fase de empezar a comprar mejores versiones de mi guitarra, ya que tenía contacto con otros músicos con los que mi guitarra realmente era vergonzosa. Así que me compré una Cort (bueno en realidad me lo compró mi padre, claro) por 400 dólares, que ya era la monda lironda. Con esa, desde los 14 años hasta los 18, toqué desde Megadeth, Air de Jason Backer, hasta Charlie Parker y BB King. Todavía me fijaba en los coloritos de las cosas y los precios. No tenía ni idea de que el sonido de una guitarra dependía de la madera del cuerpo, del mástil, de las pastillas (es más ¡no sabía que existían diferentes marcas de pastillas!).

Mi siguiente guitarra una Kramer. Aquí si me fijé más en como se tocaba sobre ella, si era suave o no, si desafinaba, etc… Pero ya era otra cosa. Luego tuve un par más que las compré con más detenimiento. Aunque me fijaba en los coloritos y las formas, ya desconfiaba a primera vista, quería por fin, tocarla, sentirla, quería saber como sonaría al enchufarla a un ampli. Ya llevaba algunas decepciones como para solo fiarme de las apariencias.

La guitarra más cara que tuve que comprar, porque ya tocaba profesionalmente hacía un par de años, fue muy bien pensada. Primero, tenía que ser ligera por mi espalda, de caoba en el cuerpo para tener peso en el sonido pero con todo el diapasón de arce o maple para que tenga mucho balance en frecuencias agudas. Y finalmente, pastillas DiMarzio (las más de moda a parte de las Seymour Duncan). Y llegó a mis manos la serie S de Ibanez, perfecta para todos mi trabajos y conectada a mi rack y mi Mesa Boogie Mark I. Perfecto. Fui super escrupuloso con esta compra. Y aunque ya no me quedaba mirándola cuando me iba a la cama, me encantaba abrir el estuche todas las mañanas y oler el arce, el maple que salía desde dentro. Era el olor de «¡ a tocar!».

Ahora después de 27 años, no me considero un friky de comprar mil guitarras en plan «fan de las motos Harley». Sino que tengo dos prioridades siempre. La primera, si realmente la necesito para alguna cosa específica, para una etapa en particular y la otra, la música que haré o enseñaré. Intento que no baje la barrera de los mil dolares o euros, y si compro algo más barato es porque probé todas las guitarras de la tienda. Es más me acaba de pasar  esto hace dos días probe 15 guitarras acústicas de entre 400 y 600 euros y la mejor fue una Fender de 228 euros. Increible. Parece que a los chinos que les tocó armarla estaban super felices ese día.

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